A pesar de que este material no está demasiado bien visto por los ecologistas, la experiencia nos dice que su utilización es infinitamente menos perjudicial para el ecosistema en el que se desarrollan nuestras principales fiestas veraniegas que el tan promocionado vidrio. No les voy a engañar, y aunque éste último es bastante más reciclable que el plástico, su mayor densidad y fragilidad juegan en su contra. El cristal se puede romper en múltiples fragmentos que, además de conllevar un notable riesgo para los participantes en las romerías, hacen casi imposible su recogida y posterior reciclaje. Por si esto fuera poco, el vidrio no flota, lo que lo hace especialmente poco aconsejable en los eventos que se realizan junto a un río o playa, si no queremos que sus fondos se conviertan en auténticos vertederos.

Por el contrario, el plástico, aún no siendo biodegradable, es flexible y sí flota, lo que facilita muchísimo su total recogida y posterior reciclado. Como consecuencia de ello, ya hay una fiesta,  la tradicional  Carballeira de Zas, que no sólo recomienda la utilización de envases de plástico, sino que además ha prohibido el acceso con recipientes de vidrio al paraje natural donde tiene lugar. Y por el mismo camino deberían ir otros acontecimientos al aire libre como el “Noroeste pop-rock” de A Coruña o la tradicional “Xira a Os Caneiros” de Betanzos. Así que ya lo saben empleen litronas, tubos, chupitos, vasos de vino, de cerveza o de cualquier otro tipo, pero, por favor, que sean siempre de plástico.

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